Este no esta colgado de un barranco, esta sobre una roca que resiste estoicamente las embestidas del mar aunque sea incapaz de ocultar las consecuencias de tan terrible asedio. Es un pueblo de juguete, con calles de juguete, con una plaza de juguete y con una iglesia de juguete que solo tiene de iglesia la fachada. En fin, muy propio para lo que espero de él, la ilusión de una huida de juguete. Me voy a reflexionar sobre todas las cosas que me han acontecido últimamente.
Como en la canción de Ovidi Montllor me creeréis muerto pero no lo estaré, estaré de vacaciones bebiendo vino, cazalla y, si me llega el presupuesto, buen wisqui. Borracho escuchare a Ornella Vanoni llamarme bastardo en sus canciones de juguete y llorare.
Cuando salga de casa daré un portazo a un año extraño, de sensaciones de juguete que necesito procesar para no ser excesivamente severo conmigo mismo ni con los demás. Procesare por la noche, tendido sobre la arena fresca observando la Luna y aquellas lucecillas que se ven a lo lejos.
Compartiré la lumbre artificial de los pescadores de caña y me tragare sus exageraciones y su vino. Pero esta vez no me dejare engañar, sé que no van a pescar, sé que ellos también huyen. Escapan para contemplar absortos, sueños de juguete.
Por la mañana comprare la prensa y me la comeré mojándola en el café. Seguiré la estela de un barco mientras pongo crema en la espalda de mi hija. Luego nadare mar adentro. Brazada a brazada pondré rumbo al horizonte. Me sumergiré y volveré a emerger dando gracias al sol y al mar... Brazada a brazada pensaré en la cantidad de cosas de juguete que caben en una pantalla de ordenador y seguiré nadando, ap... ap... ap (Un momento, me ha parecido ver una estrella de mar. Me sumerjo... silencio... las algas me hacen cosquillas y unos pececillos nerviosos se ocultan en el agujero de una roca. Vaya, falsa alarma, no era una estrella, era un erizo rojo)
¿Por donde iba? Ah si... Cuanto más voy pa allá más lejos queda, cuanto más deprisa voy, más lejos se va... ap... ap... ap.
Me voy, pero no me voy solo. Llevo conmigo (a mi pesar) a Borges a Dalí a Lizano a Gil de Biedma y al inevitable Vila-Matas, los llevo en mi maletín portátil no vaya a ser que el mono se haga insoportable.
He dicho que me los llevo a mi pesar porque cada vez estoy mas convencido de que leer no me ha servido para nada, al contrario, me ha creado demasiadas ilusiones de juguete. No culpo a nadie, la culpa es mía y sólo mía. Por creer en lo que dicen, por creer que la vida estaba en ellos, falso. Los libros ofrecen la ilusión de la huida, pero en realidad paralizan.
