Me encontraba gozando de esa modorra mágica post ágape cuando el pip, pip estridente del teléfono me despertó” ¿Sr. Quim? ...Yo mismo... Mire soy fulanita de tal del Banco Cual y le llamo para comunicarle que estamos promocionando la cuenta... bla, bla, bla”.
Hice un breve, pero intenso recorrido por el árbol genealógico de la muchacha... ¿Alguien le habrá dicho a esta chica que no esta bien molestar a la gente cuando esta en su guarida?
Ya despierto decidi ir a dar una vuelta por el barrio. Al salir del ascensor me encontré con que el suelo del vestíbulo estaba lleno de catálogos del super... “pack de cervezas, gel de baño, latas de atún, pañales etc, etc”, claro, como hay un cartel que indica que no se admite publicidad, la tiran por debajo de la puerta, normal.
Una vez en la calle me fije en uno de los muchos papeles que adornaban una farola...”piso monísimo”, ideal parejas, muchas posibilidades... ¿posibilidades de que?, pensé.
Seguí mi camino y al pasar por delante de una “megaboutique” una muchacha se me acerco con mirada seductora, lo primero que pensé es que se equivocaba de persona pero no, me miraba a mí, se me acerco y me endilgó un folleto de la tienda.
Estamos rodeados de publicidad por todas partes ¡socorroooo!
Menos mal que, al parecer la idea de colocar publicidad en las llamadas telefónicas no ha prosperado. ¿Os imagináis?
Cariño, ¿me quieres?... Piiiiiiiiiiii “Deje de sufrir en silencio, diga NO a las hemorroides con... ”... Piiiiiiiiiiii... Claro que te quiero (glups)
El fenómeno del zaping hace que las agencias publicitarias se rebanen los sesos para que sus mensajes lleguen a la audiencia. De ahí los spots “tan atractivos”. Creo que fue Manuel Vicent el que dijo que los programas de TV eran lamentables expresamente, lo hacían para realzar la belleza de los anuncios, no esta mal, es una explicación.
No nos riamos, la publicidad ha llegado a cotas excelsas, sublimes, pop art, Andy Warhol, sus sopitas. La publicidad puede ser arte, cuidadin.
Todo este rollo ha venido a cuento porque el otro día leí en el suplemento de literatura de “El Periódico” que la escritora Fay Weldon había cobrado por insertar el nombre de la firma Bulgari (joyeria) en su ultimo libro. Al parecer tenia que citarla, por lo menos en 12 ocasiones. La novela lleva por titulo “Conexión Bulgari”.
No seria la primera vez que firmas comerciales aparecen en novelas, transcribo un fragmento de la novela “American Psicho” del “enfant terrible” Bret Easton Ellis.
“.....Los tres, Todd Hamlin, Georges Reeves y yo, estamos sentados en Harry’s y son poco más de las seis: Hamlin lleva un traje de Lubiam, una camisa a rayas y cuello largo muy bonita de Burberry, una corbata de seda Resikeio y un cinturón de Ralph Lauren. Reeves lleva un traje cruzado de seis botones de Christian Dior, una camisa de algodón, una corbata estampada de Claiborne, zapatos perforados con cordones de Allen-Edmonds, un pañuelo de algodón en el bolsillo, probablemente de Brooks Brothers; unas gafas de sol de Lafont París descansan en una servilleta junto a su copa, y un attaché bastante bonito de T. Anthony en una silla vacía colocada junto a nuestra mesa. Yo llevo un traje de franela a rayas de dos botones y sin cruzar, una camisa de algodón a rayas multicolores y un pañuelo de bolsillo de seda, todo de Patrick Aubert; una corbata de seda con lunares de Bill Blass y gafas graduadas con montura Lafont Paris...”
El personaje principal es un exquisito descuartizador psicópata pero esa es otra historia. La novela es un catalogo de marcas, todas muy “chic” que se justifican porque perfilan al personaje, su mundo y son por sí mismas parte fundamental del relato. Ahora bien, ¿la hubiéramos interpretado igual de saber que el autor estaba esponsorizado?
En opinión de algunos autores la idea es buena. Quim Monzo, Espido Freire, Empar Moliner, Alicia Giménez-Bartlett no hacen ascos a la iniciativa (que más quisieran) aunque Giménez-Bartlett se negaría a promocionar “chorizos Revilla”, dice.
Las empresas editoriales tampoco pondrían trabas siempre que los textos estuvieran dentro de su línea editorial. De todas maneras parece que no les importaría demasiado con tal de vender, que es en definitiva su misión.
A quien parece que la iniciativa ha pillado por sorpresa ha sido a las firmas comerciales españolas, en principio no habían pensado en el libro como soporte publicitario. En cualquier caso, si lo hacen buscaran autores que garanticen una cierta difusión, que vendan vamos.
En mi opinión si se siguen patrocinando novelitas espero estar al corriente, más que nada para no comprarlas. (y conste que tengo buenas tragaderas) ¿Como podría saber donde esta la libertad creativa y donde la necesidad alimenticia?

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